cabecera

 

 

“SAN SEBASTIÁN”


EN EL CORPUS CHRISTI


DE LAGUNA DE NEGRILLOS

 

Tendría que detener mis fuerzas narrativas para viajar hasta el carnaval de las flores; esos pétalos que lamen los pies de todo creyente con el perfume que llega desde el corazón de los campos, con la lluvia, el sol, el rocío... Tendría que reconocer como nadie el olor del incienso y hacer mío el cántico de los pajarillos de humo que acechan desde sus cálidos nidos la llegada de la Luz más misteriosa o del Calor más oportuno. ¡Vida! Tendría que mirar hacia las alturas y traducir las palabras que el cielo dejó escritas entre los renglones azules o descifrar los mensajes de las nubes para comprender el nacimiento del agua o la riqueza que otorgan los besos de la nieve en las mejillas del fuego. Después..., les tendría que contar a todos ustedes, dueños de un sinfín de sentimientos, que la procesión del Corpus Christi en Laguna de Negrillos es una mágica fiesta donde se dan cita todos aquellos ojos que de verdad quieren ver o aquellos labios que desean sentir el sabor salado de la Sangre o aquellas manos que saben distinguir, incluso a oscuras, la suavidad de una rosa encarcelada en una trampa de espinas. Tendría que gritar a los cuatro vientos que jamás he visto una procesión semejante, en la que se reúnen tantos símbolos juntos o donde los sueños se llenan de júbilo, como las tejas, como la piel, cubriendo la vida a la espera del Rey de un mañana. Tendría que decirles que, abriendo paso en esa procesión, se encuentra ni más ni menos que un San Sebastián atípico, pero tan vistoso y humano que llega a sorprender a propios y extraños.


EL “SAN SEBASTIÁN” VIVIENTE

DE LAGUNA DE NEGRILLOS

¿Centurión romano convertido al cristianismo o bandolero? Pues..., depende del momento o a quien se le pregunte. Ahora bien, si yo tuviera que definirle, escogería sin dudarlo un San Sebastián “bandolero” o, si se prefiere, “revolucionario”, como lo denomina el antropólogo Juan Manuel García Bartolomé, quien además añade: “si nos situamos en el siglo XIX, el Sebastián podría simbolizar el papel de rebelde inconformista, de ideología conservadora, defensor del pueblo contra los abusos e injusticias de los terratenientes y de los invasores extranjeros”. Lo cierto de todo ello es que el San Sebastián de Laguna de Negrillos camina con exceso de orgullo, tratando de negar al público su fe cristiana hasta el final de la procesión cuando, por fin, realiza una venia con la cara descubierta ante el Santísimo e, inmediatamente después, huye apresuradamente.
El San Sebastián del Corpus Christi de Laguna de Negrillos viste calzón negro y medias blancas con filigranas caladas. Su casaca militar es negra con pechera roja que dos hileras de botones metalizados abrochan; los hombrillos de esta guerrera son de satén trenzado y en las bocamangas, también rojas como la sangre de su martirio, brillan, bordadas, tres estrellas de seis puntas. Un mantón de Manila, de largos flecos y con motivos florales, cruza sobre su hombro y brazo derechos. Su cabeza la cubre un gorro napoleónico, sobre el que destacan –en oro– los bordes ribeteados y las grandes iniciales “SS” de San Sebastián, a la izquierda, y “M” de mártir, a la derecha; en la unión del vértice trasero de su gorro, formando parte de un peluquín, cuelga una gruesa y larga trenza rematada por un lazo. Su rostro se esconde tras una careta. La mano izquiera empuña una espada –cuya vaina busca la ayuda de un cinturón para cumplir con el fin encomendado–; la diestra agarra con fuerza una lanza, flecha o saeta –símbolo inequívoco del martirio– apoyada en el costado; ambas manos van protegidas por unos guantes del color de la nieve, y un fajín malva, anudado a la derecha, rodea su cintura. De calzado... Con tacones de media altura y anchas lengüetas laterales, San Sebastián calza zapatos negros perfectamente sujetos con una cincha estrecha de cuero y cierre de hebilla. Sin temor a equivocarme, tengo que decir, que estos zapatos son el blanco principal en el que descansan miles de ojos pendientes de sus espectaculares movimientos, tan únicos estos como lo son las órdenes que el cerebro de este actor, y durante un día, ha de dar a las articulaciones de sus pies hasta el extremo de no sentir el fortísimo dolor que los traspasa por llevar a efecto los avances de tan insólitos pasos.

“Clavoalsuelountalón/ suboelotro·/
medetengouninstante/ lanzomicuerpoavolar/
bajolaplantadelpie/ avanzoyclavoelsegundotalón/ elevoelcontrario/ me detengouninstante/
lanzomicuerpoavolar¡bah!séqueesinútil/
bajolaplantadelpiey.../ medueleelcuerpoarabiar/
¡uf...!¡quécalor/ aunasínoabandonaréjamás/
clavofuerte¡muyfuerte!alsuelountalón/
¡ánimo!nopuedodesfallecer./
Subomicuerpoo¿subounpie?/
noséperdíelcontrol/
medetengouninstante¡ah!...yasé/
paraadoraralNiñoJesústengoquedetenerme/
tambiéntengoquedetenermispasosparareve-renciaralSantísimoSacramento.../
¿medetengo?medetengo”.

 

 

 

        Fotografía cortesía del Diario de León. Autor: Jesús

Quiero decir que las piernas de San Sebastián son dos troncos a los que la naturaleza negó rodillas; por eso, solamente las mueve con los pies: fuerte y lentamente, clava el talón izquierdo en el suelo, sube el talón derecho –se detiene un instante–, eleva todo su cuerpo con un golpe seco; baja la planta del pie izquierdo y avanza clavando el tacón derecho. Después, vuelve a repetir el ciclo. Para cambiar de dirección, este personaje lo hace bruscamente, girando 90 grados. ¡Espectacular! Espectaculares son sus movimientos y espectaculares son las reverencias que hace al Niño Jesús o ante la imagen del Santísimo.

 

 

PERSONAJES E IMÁGENES

PARTICIPANTES EN LA PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI

DE LAGUNA DE NEGRILLOS

 

San Sebastián, San Matías, imagen de Santa Teresa, San Simón, imagen de La Milagrosa, San Tadeo, imagen del Niño Jesús, Santiago, imagen de Santa Marina, San Mateo, imagen de San Isidro Labrador, San Miguel, Virgen del Camino, San Felipe, Virgen del Rosario, San Juan Bautista, imagen de la Inmaculada Concepción, San Andrés, imagen del Sagrado Corazón de María, San Pedro, imagen del Sagrado Corazón de Jesús, Santiago “El Menor”, Jesucristo y San Juan Evangelista.

Además, forman parte de la procesión los birrias o demonios y los danzantes que, según la tradición, son los ángeles custodios de la Sagrada Forma, a la que nunca dan la espalda.  

 

EL ACTOR. DÍAS DE PREPARACIÓN,

DÍAS DE SUFRIMIENTO

La responsabilidad para escoger a la persona que ha de representar a “San Sebastián” recae en la “Cofradía del Santísimo Sacramento”, una cofradía cuya existencia documentada se remonta al año 1648. Regulada por unos Estatutos, los cargos principales de esta Cofradía son los siguientes: dos jueces, un mayordomo, un procurador, un secretario, dos andadores y dos campaneros.
Nombrado el actor principal, aquel que ha de representar a San Sebastián, éste ha de comenzar los duros ensayos que se prolongarán durante varios meses.
Alfredo González Murciego tuvo su oportunidad en el año 2000, y a él acudo para que me explique mínimamente los detalles de su duro entrenamiento.
“Yo comencé –me indica– dos meses antes y, tras la Fiesta del Voto, a finales del mes de abril, inicié los ensayos de los pasos”.
Y sus palabras, las palabras de Alfredo, buscan en el recuerdo su dolor, pero también la satisfacción de haber cumplido con una tradición de varios siglos de existencia. “Fueron días en los que únicamente pensaba en el personaje; vivía sólo para él. Me levantaba y allí se encontraba a mi lado. Una obsesión, lo reconozco, pero también una gran alegría. ¿Sabes? Era consciente de mi responsabilidad. No podía fallar, no podía desfallecer porque defraudaría a todo el pueblo. Y eso no podía consentirlo. Debería prepararme y debería hacerlo a conciencia”.
Los entrenamientos de Alfredo se iniciaron con carreras. “Salía a correr. Primero lo hacía durante la tarde, durante un corto período de tiempo, que iba aumentando cada día. Cuando se acercaba la fecha, la hora escogida para correr era al mediodía, a pleno sol, porque era consciente de que mi cuerpo se debería adaptar a las altas temperaturas, por aquello de la careta, los pasos, el ropaje... El calor... No podía fallar”.
Realmente hay que reconocer que el calor que ha de soportar el actor que encarna el “San Sebastián” de Laguna de Negrillos es un verdadero suplicio, por varios motivos: porque la procesión se inicia a la una del mediodía (no hay que olvidar que esta ceremonia se realiza en el mes de junio), porque la careta no deja transpirar su rostro, y porque la ropa que lleva no es precisamente las más adecuada para esta época del año.
Si hablamos de los zapatos, Alfredo me desvela un pequeño secreto. Insignificante, pero preciso para valorar en mayor medida el gran esfuerzo que conlleva encarnar a este personaje: “solo existen dos números de zapatos, por lo que se ha de escoger el número más grande y rellenar los huecos con algodones”.
Los pasos que realiza este personaje son muy espectaculares, como ya quedó dicho, pero tremendamente complicados y dolorosos. Yo mismo lo intenté durante largos minutos para poder narrarles, en primera persona, el proceso (página anterior, en letra cursiva), y les puedo asegurar que no es ninguna exageración si les digo que el dolor es tremendo, un dolor que perdura en los músculos de las piernas, a modo de agujetas, en los días posteriores.
–Alfredo: ¿y qué me dices de los pasos? –le pregunto.
Alfredo me lo explica a su manera: “Como bien sabes, las rodillas, en el personaje de San Sebastián, no existen, por lo que son ellas y los gemelos los que más sufren. El dolor...”.
Y aquí se detiene Alfredo, como si le diera vergüenza reconocer que así es, que el dolor se hace insoportable, a lo que habrá de añadirse las ampollas de los pies por los roces de la piel de unos zapatos que no son de su medida. “Pero no importa –continúa diciéndome–, porque la satisfacción de llevar en tu propia carne el alma de este personaje, la tradición, la fiesta en su estado puro, te compensa. Créeme”.
–Ya. Te entiendo, Alfredo. Pero, tienes que comprenderme –insisto–: este artículo es, sin lugar a dudas, una alabanza al personaje, pero, también y sobre todo, pretende divulgar el sufrimiento, para que nadie piense que tu fiesta, la fiesta de tu pueblo, es un carnaval cualquiera, sin sentido, sin sentimientos.
Y Alfredo me mira. Reflexiona unos segundos y me dice muy serio: “Entiendo. Puedes seguir preguntándome”.  

Fotografía: Alberto Rodríguez Torices

*Al finalizar la procesión y al retirar la careta... aparece un rostro demacrado por el exceso de calor y sudor.

Y lo que le pido a Alfredo es que explique el después. “Después –me responde–, después de la procesión me sentía muy feliz, pero al mismo tiempo muy cansado. Agotado... No te lo voy a negar. Mi cuerpo estaba empapado en sudor. Pero..., me encontraba muy satisfecho por haber encarnado al San Sebastián de mi pueblo”.
La realidad fue –él me lo confiesa– que, tras la procesión, Alfredo perdió cinco kilogramos, y hasta pasados unos días su cuerpo no volvió a ser el mismo. Aun así, insiste en pregonar su alegría: “la satisfacción –repite– del deber cumplido podía con todo”.
Así es el “San Sebastián” de Laguna de Negrillos, un personaje, irreverente, sí, pero humano; digno, tras el arrepentimiento, y en cualquier caso, brillante y único. El personaje central de una procesión del Corpus Christi que nadie, un año u otro, debería perderse.  

© GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN

articulos