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COSAS DE AQUÍ

La ciudad que subsiste a base de recuerdos

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El escritor leonés Gregorio Fernández Castañón plasma el León «más cotidiano» en su nuevo libro

19/10/2014 PABLO RIOJA | LEÓN

Un León histórico, cotidiano, cargado de simbolismo, que corre ‘tras la sebes de un ayer’ —no siempre mejor— pero presto al cambio. Así se retrata la capital en el nuevo libro de Gregorio Fernández Castañón, un paseo por algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad que parte del siglo XIX hasta el XX. Todo merced a 256 fotografías originales seleccionadas por el propio autor de su colección particular a las que acompaña con pequeños textos, litografías, acuarelas o grabados.

Esta peculiar visión «que sólo subsiste ya en el recuerdo o revive de nuevo con la fuerza de la imaginación», no persigue grandilocuencias sino más bien se detiene en lo cotidiano. «El modelo de un coche determinado, un edificio en construcción, la forma de vestir de las personas o el cartel de un comercio han sido tenidos en cuenta antes de colocar el año junto al título», remarca el escritor y editor natural de Otero de Curueño que ha dedicado dos años de su vida a darle forma a la obra.

Entre sus 260 páginas se esconden cerca de una quincena de imágenes inéditas, como la construcción del Hotel del Norte (de 1926); la antigua calle de la Reina Victoria —hoy Mariano Domínguez Berrueta— procedente de un negativo original (1905-1910); una anciana «a la que no le pesa ni la saya ni el mantón» que pasea por la catedral o quizá el aspecto que presentaba la calle de Santa Ana en 1870.

 «Desde un primer momento tuve claro que el diseño del libro tenía que ser grande, para que se vieran en todo su esplendor las imágenes», asegura. Fotografías que «no podían permanecer por más tiempo para mi gozo personal, sino que pedían a gritos salir a la luz pública con el fin de que otras personas pudieran admirarlas», subraya.

Desde un perro a un carro

A la hora de embarcarse en esta nueva aventura, el también director y fundador del proyecto CamparredOnda tuvo claro que las fotografías que dan sentido a este ejemplar debían ser las más antiguas, aunque «sin descartar aquellas más significativas de los años 70 y 80 del pasado siglo». Un caballo, un perro, una vaca o un carro se antojaron como elementos suficientes para determinar «pese a quien pese» que «la ciudad de León era eminentemente agrícola y ganadera. Lo peor, por poner algún pero, «fue determinar el orden en que habría de colocarlas a lo largo del libro». Tras muchas vueltas, Fernández Castañón inicia la marcha desde la estación de tren «como si un viajero llegase a la ciudad deseo de recorrer sus calles a pie».

Guzmán, la Condesa, el paseo de la Facultad de Veterinaria, la Plaza de Toros, Ordoño II, Ramón y Cajal, Santo Domingo, San Marcelo... y un largo etcétera vistos en blanco y negro para que el lector evoque aquellos colores que su propia nostalgia le inspire. En el preludio del libro, el autor señala cinco puntos clave. «La estación porque desde allí se miraba al futuro; la plaza de Santo Domingo porque era uno de los centros de operaciones de la ciudadanía y San Marcos, San Isidoro y la catedral por ser la admiración de los mortales más cultos», finaliza.

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