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GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN... DE CERCA

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Gregorio Fernández Castañón

Publicado en el blog de la Biblioteca Pública de León en Agosto de 2011.

Gregorio (Otero de Curueño, 1956) es escritor, editor y fundador de la revista Camparredonda y de las colecciones Los libros de Camparredonda y Los Cuadernos de plata. Su producción editorial se caracteriza por la elaboración de lo que podríamos denominar auténticos libros-joya, pues se trata de ediciones limitadas en las que se cuida con mimo el detalle, la fusión de técnicas (ilustracion, collage, etc.), dando como resultado originales obras preciosistas, de las que gusta guardar como un tesoro.

Dentro de esta producción están sus propios libros, realizados con el mismo esmero: Remolinos de furia, Juegos de perros, Cuando el corazón grita, Cuentos y conSentidos, Bajo el poder de las piedras y la trilogía dedicada a la provincia de León, El león de mi tejado, Sangre de roble y Ríos de pasión y fuego.

Descripción: ortada de 'Ríos de pasión y fuego'

Biblioteca: ¿Es o ha sido usuario de bibliotecas? De ser así, ¿recuerda alguna en especial?

Gregorio: Sí. He sido y sigo siendo usuario de varias bibliotecas en todo el territorio nacional, aunque en el momento actual la que más me ayuda es la mía propia. Los 3.000 ejemplares que poseo los considero suficientes para satisfacer cualquier curiosidad o, simplemente, como medio de disfrute.

B.: Leer es…

G.: Tener la libertad en tus manos para escoger o decidir: aprender, conocer (nuevos mundos, culturas, pensamientos…), viajar, sentir, sufrir, emocionarte, amar (incluso “pecar”)… Ser tú mismo desde la comodidad que te ofrece tu propia butaca, respirar, en definitiva, nuevos aires “visitando” paisajes de ensueño.

B.: Lo que más le gusta de León …

G.: Sin duda, su Catedral. Toda una gran enciclopedia artística escrita en sus paredes de piedra y de cristal. Un placer que llega al interior a través de todos los sentidos

B.: Cuando está aquí, es fácil encontrarle…

G.: Pues, debido a mi trabajo (con jornada muy, pero que muy intensiva), el tiempo libre lo empleo para leer o escribir en la intimidad. Aun así, me gusta ser sociable y se me encuentra fácilmente en la Imprenta Punto y Seguido (casi mi segundo hogar, porque es allí donde paso muchas horas al año debido al trabajo desinteresado que realizo para el Proyecto Cultural que dirijo); también se me puede encontrar visitando un monumento, unas ruinas, hablando con la gente de los pueblos y, por supuesto, a la orilla del río Curueño.

B.: Le gustaría participar en una tertulia con…

G.: Desgraciadamente no es posible, pero me hubiera gustado participar en una tertulia con Antonio Pereira; es más, añadiría que me hubiera gustado salir de cena o viajar con él. Su honestidad literaria y su grandeza humana iban parejas y eran tangibles. Perdimos a un gran literato, pero, sobre todo, perdimos a un amigo personal y de la cultura al que espero que León jamás olvide.

B.: Recientemente, le ha causado sorpresa…

G.: La clase política. Es curioso porque ya hay pocas cosas que me sorprenden en esta vida. Los políticos, salvo excepciones, lo siguen haciendo (e incluyo también, por supuesto, los más cercanos y de todos los bandos). ¿Por qué a un presidente nacional o autónomo, a un alcalde, a un concejal o a un diputado no se le obliga a opositar antes de cubrir su cargo? ¿Por qué no se les exige un “sobresaliente” en la signatura de la honestidad y del trabajo a favor del pueblo? ¿Cuándo se terminarán los dictados que marcan los partidos y se hará una lectura somera de las necesidades reales de la ciudad, del pueblo y, sobre todo, de los habitantes? ¿Por qué no cumplen lo que dicen? (en León tenemos un ejemplo claro y muy reciente: o bajan los impuestos ya, o nos están mintiendo o, lo que es peor, para muchos habrán perdido la credibilidad). Por otra parte, no se dan cuenta, pero sus discursos soeces (fuera de tono o insultantes con el contrario) o sus acciones (quito, pongo, traigo y llevo) hacen mucho daño y crean violencia, cuando lo que debería primar y seguir primando es la convivencia; el saber estar. Las ciudades o los pueblos puede estar más o menos bellos, pero es la vida la que marca la pauta. Ah, y se olvidan de la cultura y de la educación, y hacen mal, muy mal, porque es el engranaje, el único que conozco, para ser feliz. Si hay cultura y hay educación hay respeto y, entonces, existirá esa convivencia real entre rojos, azules, blancos, amarillos o negros; ricos y pobres, altos, delgados y los de más allá. Que trabajen por la ciudad y a favor de los más necesitados y que se dejen de “vender” humo o de “salir simplemente en la foto”. Necesitamos políticos humanos y no personajes fríos que no saben llorar cuando se necesita o ir de fiesta sin dejar en su casa el “hacha de guerra”. Necesitamos políticos que busquen y encuentren soluciones para los problemas del pueblo y no para tener contento al “jefe”, dueño de su bandera y de su escaño. En fin, se necesitan políticos con la boca y las manos limpias de todo pecado o, si se prefiere, lo digo de otra forma: además de parecer justos tienen que serlo o me seguirán sorprendiendo… para mal.

B.: Un viaje pendiente de realizar

G.: Todavía estoy disfrutando de él. Y es el viaje a través de la memoria. Recordar es viajar miles de veces y disfrutar otras tantas. Rectificar tus propios errores es posible a través de este viaje, por eso sigo en él, junto a él, y espero que jamás me abandone.

B.: Un lugar para perderse

G.: Sin duda, el Curueño.

B.: En la mesa, se inclina por…

G.: Lo más sencillo y, a ser posible, casero. Me alimento para vivir, no vivo para comer. Por eso prefiero una ensalada multicolor a un chuletón de primera o a una tabla de marisco.

B.: Rescataría del olvido…

G.: Bonita pregunta que te hace meditar. A veces nos olvidamos de que somos humanos y, por lo tanto, frágiles. Somos mortales y por ello rescataría del olvido, una vez más, el respeto, la buena educación, el saber estar. Las sonrisas cómplices. Hoy todo va demasiado deprisa y no debería. Rescataría del olvido los filandones, las viejas romerías y juegos, las comidas entre amigos… Las cosas sencillas donde participe todo el pueblo con plena humildad y sin ningún resquicio de envidias o de egoísmo.

B.: Recomiéndenos algo para leer, algo para ver y algo para escuchar

G.: Cualquier libro es bueno, y que conste que la autoría de esta frase no me corresponde. Lo interesante es encontrar en sus páginas esa bondad; ahora bien, si en las treinta primeras páginas no encuentra nada positivo, déjelo y siga abriendo otro y otro hasta encontrar el suyo. En definitiva, no me gusta aconsejar ningún libro.
Lo que sí haré es recomendar algo para ver y algo para escuchar que van, en mi caso, unidos. Mire la naturaleza y escuche su ritmo. Es la vida la que camina junto a ella, con uno mismo, con todos. Un amanecer, un atardecer, un árbol (en flor en primavera o con las hojas amarillas del otoño), el paso del río, la lluvia, incluso una tormenta, todo ello es admirable y beneficioso si se mira con buenos ojos y se escucha con el corazón.

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