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“FIRMES… ¡AR!”

Entre el analfabetismo reinante y la dictadura más severa, el Ejército de aquel entonces marcaba diferencias, dictaba normas absurdas, imponía castigos (en algún caso el de pena de muerte), metía miedo y, lo que es peor, cumplía sus amenazas: Ningún español mayor de veintiún años podrá ejercer funciones públicas, ni aún electivas, ni tomar posesión en calidad de propietario o interino de cargo alguno del Estado, Provincia o Municipio, así como tampoco en establecimientos, empresas o sociedades intervenidas o subvencionadas por aquellos, ni aun como empleados u obreros en obras que unos y otros ejecuten por gestión directa, si no presentan en la oficina o intervención respectiva el documento que acredite su edad y haber cumplido los deberes militares que por ella le hayan correspondido.

Estoy hablando de los años anteriores y posteriores a la Guerra Civil, y digo lo que digo amparado por una amplia e interesante documentación hallada, en muchos casos, tras un gran esfuerzo. De esa forma, puedo asegurar que la Cartilla Militar de Tropa tenía carácter de documento de identidad para todos aquellos individuos sujetos al servicio militar (artículo 222 del Reglamento provisional para el Reclutamiento y Reemplazo del Ejército). Una cartilla donde se reflejaban los datos personales del recluta, las prórrogas (si las hubiera), la fecha de ingreso en la Caja, los cambios de cuerpo y los ascensos (si los hubiera). Como curiosidad, diré que, en su interior –en el interior de aquella cartilla– se estampaban las huellas de los dedos de la mano derecha del titular.

LA PATRIA

Todo giraba alrededor de la Patria, el patriotismo, la bandera y el jefe del Estado. Para los españoles, la patria es España; esto es, todos los territorios que la constituyan, toda su gloriosa historia, su presente y el venturoso porvenir que para ella anhelamos… No es esto decir que la patria sea solamente el pedazo de tierra que nos vio nacer; es algo más grande, más solemne; es como queda expuesto, el territorio español completo, cualquier sitio en que ondee la bandera nacional, y también nuestras costumbres, nuestras leyes y nuestro idioma… Frecuente es, sin embargo, que el recluta que sólo ha recibido una educación limitada y que, por tanto, no ha estudiado la Historia, ni siquiera ha escuchado el relato de los heroicos hechos llevados a cabo por nuestros antepasados, ni salió de su pueblo natal hasta que le correspondió el servicio militar, tenga una idea vaga e incompleta de la patria, y para él sea ésta sólo su aldea y los campos que desde ella se descubren. Estrecho concepto de la patria es este, que tiene su origen en estar ligados a este terruño todos los intereses y recuerdos para él queridos; ese lugar, esa aldea, será, en todo caso, el rincón predilecto de su patria, pero no es su patria. Para hacérselo comprender, para despertar en su ánimo el verdadero sentimiento de ella, que, aunque dormido en algunos, existe siempre latente en el pecho de todo hombre de corazón noble, por rudo que sea, decidle que España está en peligro, que las calamidades de la guerra amenazan su existencia, la unidad de su territorio y las vidas y haciendas de sus conciudadanos; seguramente entonces se dará cuenta de la sublime grandeza de aquella palabra y latirá su corazón tan aceleradamente como si llegara a su noticia que sus ancianos padres están moribundos, este sentimiento y veneración por el pedazo de mundo unido a nuestro cuerpo y nuestra alma, como dijo Sonvestre, es la Patria, que las primeras sociedades llamaron Matria, y más tarde, Madre Patria .

VEINTICUATRO AÑOS, POR LO MENOS, DE AMOR A LA PATRIA

Leo en otro capítulo: La duración del servicio militar será de veinticuatro años, contando desde el día que los mozos ingresen en Caja, distribuidos en la siguiente forma:

1ª Reclutas en Caja (plazo variable).

2ª Servicio de filas (dos años).

3ª Situación de reserva (resto hasta los veinticuatro años).

¡Veinticuatro años! sujetos a la disciplina militar, obligados a indicar el cambio de domicilio y a pasar una revista anual ante las autoridades civiles o militares, so pena de fuertes multas y/o privación de libertad: los que dejen de pasar la revista anual y los que no notifiquen el cambio de residencia a la Autoridad militar o civil, o al Cónsul en el Extranjero, de la antigua residencia, o bien de la nueva, dentro del plazo de un mes serán castigados con la multa de 25 a 250 pesetas en la primera falta (ver el resguardo de esta multa bajo estas líneas, de 50 a 500 en la segunda y de 100 a 1.000 en los demás casos, sufriendo la prisión subsidiaria que corresponda si resultasen insolventes, en los Depósitos municipales".

Ante tanta disciplina y responsabilidad, a nadie le puede extrañar que recibir la licencia absoluta (documento bajo estas líneas, perteneciente, en este caso, al año 1888) fuera un verdadero alivio. Alivio, sí, porque, entonces, el sujeto no era, precisamente, un jovencito: tenía más de cuarenta y cuatro años.

PROHIBIDO CASARSE

Los soldados de aquel entonces no podían casarse durante el periodo obligatorio, salvo que la autoridad militar les concediera un permiso especial.

"Los individuos sujetos al servicio militar no podrán contraer matrimonio desde que ingresen en Caja hasta su pase a la situación de reserva".

Además, el presbítero, capellán párroco castrense, certificaba, con todo boato, que el soldado X se consideraba todo un reputado soltero (ver bajo estas líneas el interesantísimo documento que he encontrado al respecto, perteneciente, en este caso, al año 1860).

NO FORNICAR

Curiosísimo es, sin duda alguna, el Devocionario Militar que logré salvar del fuego. Curiosísimo y sorprendente por los textos que en él se incluyen. Varios ejemplos: –El militar español, sean cuales sean sus opiniones falsas y equivocadas, ha de tener presente que la religión oficial del Estado español es la religión católica. –Las malas diversiones: no tomes parte en diversiones indignas, y sobre todo donde haya mujeres peligrosas. –Las armas españolas tienen todas sus glorias íntimamente unidas con la religión católica. Por la fe lucharon ocho siglos; la fe llevaron y defendieron en sus colonias; por la fe lucharon en toda Europa contra la herejía, y lucha hoy contra el marxismo, que es la misma irreligión. Pobre soldadito español cuya conciencia cristiana le impedía acercarse al sexo opuesto, incluso privarse del placer propio, si seguía al pie de la letra el famoso Devocionario que estamos comentando. Veamos lo que incluye sobre el Sexto Mantamiento (sic): Has tenido malas conversaciones?–Has asistido a espectáculos peligrosos?–Has leído novelas, revistas y libros peligrosos?–Estás en algún peligro de pecar?–Has hecho alguna acción deshonesta? –Contigo solo?–Con qué clase de personas?–Has bailado mal?

Pobre soldadito español que al llegar a la página 44 leía textualmente (destacado en negrita): No fornicar. Y seguía leyendo en la misma página y siguiente (sic): Has cometido alguna acción deshonesta? Solo? Con otra persona? De qué clase?... Si eres criado, ¿estás en sitios peligrosos, cooperas o encubres actos o vidas deshonestas?–Tienes relaciones por pasatiempos sin ánimo de casarte? Misas, oraciones múltiples (sin olvidar al santo militar Ignacio de Loyola), confesiones, ayunos y… hasta pedir por el jefe del Estado eran los remedios que ofrecía este Devocionario para no caer en la maldad. Por el Jefe del Estado.– Te rogamos, omnipotente Dios, que tu siervo Jefe nuestro, que por tu misericordia ha tomado el gobierno de nuestro reino, reciba también aumento de todas las virtudes, para que, adornado con todas las necesarias, pueda escapar de los monstruos de los vicios y llegar lleno de gracia a Ti, que eres Camino, Verdad y Vida. Por Nuestro Señor Jesucristo. Ya está. ¿Se acabaron los vicios? El cuadernillo termina con un capítulo dedicado a: "Ayunos y abstinencias de militares", "Leyes Católicas", "Treinta y un consejos", y tres máximas: "confiesa y comulga, no peques ni blasfemes" (jamás permitas que nadie blasfeme en tu presencia). Pero antes incluye la advertencia "¡Ojo, soldado!", que se reproduce al margen. ¡Sorprendente!

Sorprendente es también una de las cartillas del SERVICIO MÉDICO (al margen, su portada). Sorprendente porque lo que parecía ser, ¡por fin!, algo serio, resultó ser peor que el famoso Devocionario. El ¿médico? que la escribió parecía formar parte de la Santa Inquisición (al menos, eso creo, resultó ser todo un verdadero "castrador"). Veamos varios ejemplos: Soldados españoles: Si estimáis vuestra salud, que es fuerza, alegría y vida; el bien de vuestra familia y el de vuestra Patria, leed y haced leer y observar las instrucciones contenidas en esta cartilla, escrita, como veréis, en términos vulgares para su máxima comprensión y utilidad.

Entre otras, la mayor vulgaridad que encontramos es la número 20: Todas las mujeres que se dedican a estar con los hombres, hay que considerarlas como enfermas y en disposición de pegar o contagiar una enfermedad venérea. ¿Todas? ¡Hombre de Dios! Señor médico: ¿no es un poco exagerado asegurar que "todas"? ¿Todas? Consejos para evitar las enfermedades venéreas, la verdad, no es que diera muchos, y los que daba… daba un poco de… 30. El medio únicamente seguro de que no le peguen a uno venéreo, es el no exponerse con ninguna mujer. ¿Seguro? La guinda (una tras otra) la pone el señor doctor desde la página 13 hasta el final (la cartilla tiene 32 páginas). El capítulo de marras lo titula Y mirando…, para añadir: …estas cosas bajo otro aspecto, algo que te va a sorprender. Cuanto queda expuesto, avalado por la autoridad científica de tu Médico, no es, por ningún concepto, salvoconducto para que entres libremente en el campo de la prostitución, es decir, lugar en que, corrientemente busca desahogo el cuerpo, espoleado por el instinto de la procreación que, por falseamiento de sus verdaderos fines, transformamos los hombres en lujuria… Óyeme bien, o préstame mucha atención, que ahora hablo como amigo que te quiere, sabedor de algunas cosas que, posiblemente, ignoras en este escabrosillo asunto, en el que tan unidos andan mujeres y hombres. Si posees buena formación religiosa, contigo no va nada. Tu Médico está tranquilo, sabe que, así como así, no pisarás el campo de marras. Ahora, si, desgraciadamente, te falta esa formación, teme por ti, porque al vehículo de tu moral, es decir, la idea que tienes sobre esta materia, le falta el freno, y sin frenos ya sabes lo que son los vehículos, sobre todo los veloces, y como a tales debemos considerar las pasiones e inclinaciones de la carne, que, puestas en marcha, no hay fuerza humana que las detenga. …Fuera de él (del matrimonio canónico), entiéndelo bien, el acto genésico, el yacer con mujer sujeta o libre, joven o vieja, es moralmente, cristianamente pensando y obrando, ilegítimo y condenable; obra mala, en fin, de la que se nos exigirá arriba cuenta y razón, como aquí abajo se nos exige en los negocios terrenos… Y no es que tu Médico afirme esto por su exclusiva cuenta; es la voz de Dios, que San Agustín nos recuerda al citarnos este pasaje de la Sagrada Escritura, en el que se nos pone de manifiesto, con cuánto aborrecimiento ha perseguido la Divina Majestad este delito, castigándolo, incluso con la pena de muerte: 'Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole, que es lo que hizo Onán, hijo de Judas, por lo cual Dios le quitó la vida (Gen. XXXVIII, 8-10)'. Y si esto es con mujer propia o legítima, ¿qué será con la ajena, e incluso con la impúdica o prostituta? Y así continúa el susodicho ¿médico? para finalizar con una advertencia con olor a incienso, que yo me permito traducir, más o menos, así: "te la corto, puerco vicioso". Que el lector juzgue por sí mismo: Hónrame como Médico, haciéndome caso en este asunto, y procura siempre no caer en mis manos a consecuencia del pecado. Para mí sería muy honroso curarte una herida de guerra, pero muy triste si fuera de vicio. Obra bien, y no pierdas de vista ese mañana de tu licenciamiento con la esperanza puesta en tu retorno al hogar llevando la conciencia limpia de haber servido a la Patria con lealtad en las filas del Ejército, y limpio también el cuerpo, pues sería tristísimo que abrazaras a los tuyos llevando grabado en tu carne el estigma de un vicio vergonzoso, repugnante e inconfesable.

PENA DE MUERTE

Es posible que muchos lo desconozcan, mientras que otros lo hayan olvidado ya. La realidad era que en España existía la pena de muerte. Los militares no estaban exentos. Y junto a la reclusión y el presidio (mayor o menor), los arrestos, los extrañamientos, los destierros, la represión pública, la inhabilitación absoluta, la suspensión de cargo público o las penas leves (arresto menor, multa, represión privada y canción) cohabitaba la pena de muerte. Entre otras cuestiones baladíes, se imponía la pena de muerte al militar que, en acto del servicio de armas, o con ocasión de él, maltrate a un superior en empleo o mando, con arma blanca o de fuego, palo, piedra u otro objeto capaz de producir la muerte o lesiones graves, aunque el maltratado no sufra daño alguno. ¿Cómo? En fin, que cualquier tiempo pasado no fue mejor. Y los militares de aquellos tiempos (una gran mayoría analfabetos), a juzgar por lo que he encontrado, no eran ni mucho menos libres de sus actos y de sus acciones. Eran esclavos en cuerpo y mente de sus más inmediatos manipuladores: superiores de todas las tallas y condiciones, capellanes y médicos. No eran libres. Eran sumisos por decreto. "La sumisión se diferencia de la obediencia en que, mientras ésta se limita a cumplir terminantemente lo mandado, aquélla es la constante y espontánea disposición del inferior a recibir y ejecutar las órdenes del superior; dicho está que el buen soldado siempre es sumiso".

©  GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN

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