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EL MILAGRO COTIDIADO DE ASPRONA-LEÓN

Nunca se sabe. Por eso, conocer esa parte de la sociedad tan distinta y, sin embargo, tan viva es muy positivo. Alejarse de ella, esconderse, darle la espalda es un acto de cobardes. Y todos, nos guste o no, porque somos demasiado frágiles, somos candidatos a formar parte de ella. ¿Que no? Pensemos sólo un instante: un grave accidente o esa juventud que un buen día, no muy lejano, desaparece siendo todavía tan jóvenes y...; esa enfermedad traidora que, incluso, se atrevió a meterse bajo la piel de aquel que se consideraba invencible; ese hijo que esperábamos con tanta ilusión y nos llegó con... ¿Continúo? No hace falta, porque lo primordial es ser conscientes de que la vida nos puede guardar sorpresas bajo la manga de nuestra propia camisa. Entonces, ¿qué nos queda? Sólo, lo digo con la fuerza que impera la razón, nos quedarán las buenas obras que hayamos realizado en esta bola terráquea que gira y gira. Y para mí, ellos, aquellos que han hecho de su vida un servicio hacia los demás, tienen muy merecida, de existir, esa parcela del cielo prometido, por muchos motivos que intentaré explicar a lo largo de este artículo.

Lo necesitaba. Necesitaba reconciliarme con mi conciencia. Sabía que están ahí, demasiado cerca, y que su labor es más que meritoria, pero... Me decidí. Y entonces me abrieron un amplio abanico de posibilidades. Hablamos. Y lo que es más importante, me invitaron a visitar varios de sus centros. Invitación que, por supuesto, acepté con una condición: iría durante mis vacaciones, porque, entonces, y sólo entonces, esa cadena que llamamos “prisa” no existe al recuperar la libertad que destruye el reloj que marca las horas con su látigo implacable. Hoy, cuando comienzo a redactar estas primeras líneas, no me arrepiento de haber visto lo que vi y, en cierta medida, me alegro de ser un humilde portavoz de su trabajo callado.

ASPRONA-LEÓN

Aprobada por el Ministerio de la Gobernación el 20 de mayo de 1965, esta asociación, sin ánimo de lucro, conocida por ASPRONA-LEÓN, se dedica a la atención y promoción de las personas con discapacidad intelectual. Declarada de “utilidad pública”, su compromiso es mejorar la calidad de vida de esas personas y ofrecer el apoyo necesario a sus familias. Compuesta por 1.069 socios, ASPRONA-LEÓN ofrece servicios de atención en centros específicos; crea y mantiene puestos de trabajo; organiza actividades de ocio y tiempo libre; gestiona programas formativos, rehabilitadores, de autonomía para la vida diaria, de inserción social y de empleo, y defiende los derechos de sus asociados. En definitiva, con más de 200 empleados, ASPRONA-LEÓN atiende directamente a 512 personas con discapacidad intelectual. Su mantenimiento económico se basa en estos pilares: la cuota de sus socios (30 €/año), las subvenciones de la Junta de Castilla y León y el abono familiar (70% y 30%, respectivamente, por cada discapacitado), la venta de los productos propios y/o el abono de los servicios prestados: albañilería, carpintería, metal, manufacturas, etc. 

Las habilidades adaptativas que desarrollan en sus centros con las siguientes: comunicación, autocuidado, vida en el hogar, habilidades sociales, utilización de la comunidad, autodirección, salud y seguridad, habilidades académicas funcionales y de trabajo.

 

REPRODUCCIÓN DE UN IMPORTANTE DOCUMENTO TESTIMONIAL Eran otros tiempos. Y se acudía a los artistas y a otras “maravillosas ideas” para buscar dinero con el que poder mantener la Asociación. La carta que se reproduce corresponde al reconocido pintor leonés (aunque nacido en Burgos) Vela Zanetti quien, en el año 1978, colaboró con ASPRONA donando uno de sus cotizados cuadros para una subasta. El texto de esta carta es muy significativo, por cuanto el artista consideraba un “deber” ciudadano colaborar con una asociación de este tipo, mientras que, además, denunciaba al Estado y a las “señoras figuronas”. Su valor testimonial, por ello, es muy importante.

 

Los programas son tan extensos como interesantes. Así, entre otros muchos, destaco los siguientes: autonomía funcional, comunicación, higiene buco-dental, educación afectivo-sexual, habilidades manipuladoras, servicio de apoyo psicosocial, rehabilitación, logopedia, fisioterapia, musicoterapia, hidroterapia, hipoterapia, yogoterapia y psicomotricidad. Todos los centros de ASPRONA-LEON están adaptados a las necesidades de sus usuarios, y tanto la dirección de cada uno de ellos como el resto de profesionales que prestan sus servicios reciben permanente formación para adecuarse a las necesidades de cada momento y conocer los avances y tratamientos relativos a la discapacidad intelectual. El domicilio social de ASPRONA-LEÓN se encuentra en la calle Ana Mogas, 2-bis 24009-León. Y su teléfono es el siguiente: 987 24 66 44.

VISITA A DOS DE SUS CENTROS

Lo primero que me llamó la atención al ver el exterior del Centro Asistencial “Nuestra Señora del Camino” (en Armunia) fue la amplia superficie acristalada que, sin duda, proporcionaría, en su interior, una buena iluminación natural, como así pude comprobar un poco más tarde. La sorpresa, unos segundos después, fue el cariño con que los internos recibían a Alfredo González Murciego, mi acompañante, responsable del Área de Formación. Cariño que, por increíble que parezca, hacían extensible a mi persona. Me emocioné, no lo voy a negar, al ofrecer mi mano a una de las jóvenes internas: su alegría era..., como decirlo..., era especialmente angelical, tan distinta, tan sincera y a la vez tan agradecida que, lo digo sin más rodeos, no parecía haber surgido de este mundo tan lleno de falsedades. En mi opinión, el cariño que los internos ofrecen es directamente proporcional al que reciben del conjunto de los profesionales que los atienden. No había duda alguna viendo el rostro de esos profesionales (siempre con una sonrisa en sus labios), la forma de hablarles a los internos, el continuo roce de sus manos (en la cara, en la espalda, en las manos de los pacientes), el ofrecimiento permanente de un pañuelo de papel (para limpiar las lágrimas, la mucosidad, el exceso de saliva...). Lo que yo percibí en los profesionales fue –y termino para no seguir emocionándome– una verdadera vocación; un lujo de vocación, ahora que muy pocos saben lo que realmente significa esa palabra y la han sustituido por “dinero”.

RECORRIDO POR EL CENTRO

Posiblemente la gente de la calle piense que en el interior de un centro como este –Centro Asistencial “Nuestra Señora del Camino”– reina el caos y la tristeza. Nada más lejos de la realidad. La realidad fue que en cada aula que visité y en cada estancia me encontraba con una agradable sorpresa. Primero, un grupo reducido, muy reducido de personas, se ocupaban de encajar las piezas en un puzzle de colores con una dedicación admirable. Después, en la piscina climatizada, una única paciente, una sola, seguía las pautas que le indicaba la fisioterapeuta (las dos dentro del agua). En un rincón del jardín varios internos tejían sus sueños humanos entre gritos y sonrisas; es decir, se divertían ante la atenta mirada de otra profesional. Juro que no me esperaban y no hubo puerta ni hueco que no se abriera para que yo sacara mis propias conclusiones, libremente: todo, absolutamente todo, estaba en orden y la limpieza era la nota dominante. La luz natural de las habitaciones, con su vistosa decoración; la pulcritud de los aseos, adecuados para las necesidades de sus usuarios; la explosión de color, y su perfecta colocación, en los manteles de las mesas del comedor; la cocina; los materiales escogidos (sin aristas, sin peligro) para el gimnasio, o los aparatos existentes en la sala de estimulación (sonoros, visuales y táctiles). Todo digno de admiración.

Arriba: el sol ilumina una de las acogedoras habitaciones   (luz y contraste con paredes, cojines y colchas)       Abajo: vista parcial de la Sala de Estimulación

Cuando ya estábamos en la calle, nos saludó Ignacio Medida –el director del Centro–, hasta ese momento ausente porque, aquella mañana, dentro del cuadro de las terapias que imparten, había acudido a un gran centro comercial con un grupo de pacientes a realizar lo que hacen miles de personas a lo largo de una jornada laboral: adquirir las necesidades básicas para su hogar. Ignacio se despidió proponiéndome que acudiera con todos ellos (pacientes y profesionales) a una de las comidas “familiares” que, también a modo de terapia y para demostrar a la sociedad que no existen diferencias, realizan en un restaurante cualquiera un viernes de cada mes. Lastima que mis vacaciones estén a punto de agotarse. Lástima, porque... No le prometí nada a Ignacio, aunque, tal vez, el próximo año... Sería estupendo convivir una jornada completa con los miembros, todos ellos, de este cielo en la tierra. Intentaré buscar un hueco. Lo intentaré.

EN EL CENTRO OCUPACIONAL “SAN NICOLÁS DE BARI”, UBICADO EN QUINTANA RANEROS (LEÓN)

Atrás dejábamos a las personas gravemente afectadas del Centro Asistencial “Nuestra Señora del Camino”, de Armunia. Lo que me iba a encontrar en Quintana Raneros –nuestro siguiente objetivo, y según palabras de Alfredo González Murciego– era “un grupo de personas con discapacidad intelectual en menor escala, manifestándose su heterogeneidad por razón de edad, sexo, origen social, desarrollo intelectual y personal”. El eje fundamental de actuación, en este caso, “es la búsqueda de la calidad de vida en todos los aspectos: comunicación, cuidado personal, vida en el hogar, habilidades sociales y comunitarias, autodirección, salud y seguridad, contenidos escolares funcionales, ocio y trabajo. Y lo que pretendemos es que el empleo sirva como eje de realización integral de la persona discapacitada intelectualmente, dentro de un papel social. La dignidad de la persona, con el trabajo, está asegurada ya que, a través de él, se consigue la autosuficiencia económica y, por tanto, la independencia”. El centro de ASPRONA-LEÓN, en Quintana Raneros es como un pequeño pueblo, con variedad de instalaciones. Tantas que nos fue imposible recorrerlas todas durante el tiempo que teníamos establecido. Las aulas de estudio, la sala de fabricación de jabones... El recibimiento, en todo caso, fue similar al del Centro Asistencial “Nuestra Señora del Camino”. Todos querían saludar a Alfredo, por lo que los abrazos y besos fueron continuos. En el taller de manufacturas me explicaron su trabajo: empaquetado de ropa interior. En las secciones de manipulados comprobé cómo la dedicación de estos trabajadores no se detenía, a pesar de las largas explicaciones de las monitoras. Así, en la sección de manipulado de jabones, colonias, y otros productos cosméticos, especialmente para los hoteles, cada cual hacía su función de manera admirable. La misma reacción encontré en las secciones de etiquetado y embalaje de productos naturales (productos importados que necesitan un etiquetado específico en español), en la sección de cartonaje (realizan todo tipo de carpetas y cajas de cartón), y en la de restauración y clasificación de libros (en este caso trabajan para una conocida editorial con proyección internacional). En carpintería nos recibió su responsable, Ricardo Yagüe. El objetivo de esta sección no tiene fin. Todo lo que se pueda realizar con madera se hace. No obstante, lo más solicitado son los premarcos, mesas camilla (montadas y desmontadas), mobiliario diverso para residencias de la tercera edad, sillones, reposapiés y menaje de cocina. Antes de Navidad cada vez les demandan más el típico árbol leonés.

Arriba: vista parcial del taller de carpintería     Abajo: diversos armazones junto a tres típicos “árboles leoneses” para la Navidad, y una pequeña muestra de utensilios de cocina.

 

El responsable de la sección de metal nos explicó, con todo lujo de detalles, los trabajos que realizan: bisagras y montajes sencillos, maquinarias y, sobre todo, el esqueleto para mobiliario de oficinas. Trabajan para diversas empresas muy conocidas en el sector de mobiliario de oficinas y de la hostelería, por lo que es muy posible que, usted, lector de este artículo, sin saberlo, se haya sentado alguna vez en su vida en una silla cuyo armazón se realizó en estos talleres. La variedad de sillas y armazones de butacas es extensísima. Dentro de los propios talleres existe un Aula de Arte. Lo que se pretende en ella –según palabras de su responsable, Melchor Calvo– “es inculcar a nuestros usuarios el proceso creador. En realidad es un medio de expresión y exploración”. Por esta aula pasan a la semana unos 80 participantes. Todos ellos voluntarios. Siendo los trabajos muy variados: en barro, óleo, acrílico, papier, fusing, grabado, collage, etc.

 

Nuestra visita finalizó en el invernadero. Allí, con una amabilidad exquisita, fuimos recibidos por José Manuel y Javier. Dos jovencísimos trabajadores (en la fotografía) que nos explicaron todo el proceso de plantación y recolección de los productos naturales.

 

En este caso –en el invernadero– los productos que se cosechan a lo largo del año son muy variados, aunque se destacan, de manera especial, los siguientes: tomates (10.000 Kg en el año 2006), judías verdes (3.000 Kg) y pepinos (4.000 Kg). El proceso, tras la recolección, continúa con la limpieza (extraordinaria y meticulosa), la selección, el pesaje y el envasado.

 

La calidad de los productos que surgen de este invernadero está asegurada debido a los profesionales que en él trabajan: estudiando la tierra, seleccionando las semillas, cuidando las plantaciones, la temperatura, el riego, la proliferación de las plagas, etc. La producción es adquirida por diversas familias a nivel particular y, sobre todo, por grandes y conocidas superficies comerciales. La organización de ASPRONA-LEÓN, además, ofrece trabajos de jardinería, albañilería, limpieza y lavandería y catering y restauración. En esta última faceta (catering y restauración) trabajan permanentemente seis profesionales y nueve personas: cuatro del Centro Especial de Empleo y cinco ocupacionales. Diariamente elaboran quinientas cincuenta y dos comidas. Y, de manera especial, trabajan, por encargo, para diversas empresas y particulares (ofreciendo vinos españoles, pinchos diversos, grandes paellas, chocolatadas, fideguás y un largo etcétera en convenciones, fiestas y bodas). Quiero destacar, por último, que ASPRONA-LEÓN se ocupa, también, del transporte de sus asociados. Sus autobuses recorren varios puntos de la ciudad y, con distintos horarios, los van recogiendo para acercarlos a cada Centro. Por la tarde vuelven a realizar el servicio en el viaje de retorno. ASPRONA-LEON –finalizo– es una asociación “grande” en todos los aspectos. Grande y hermosa que ofrece a la sociedad el milagro de lo cotidiano. Por el mero hecho de que personas con una discapacidad intelectual puedan respirar libremente, puedan reír, amar, comunicarse...; puedan, incluso, independizarse, formar un hogar, una familia...; puedan vivir, que no es poco (¡nada menos!), ASPRONA-LEÓN se merece todo nuestro apoyo, admiración y respeto (vaya por delante el mío, y gracias por el trato recibido).

© GREGORIO FERNÁNDEZ CASTAÑÓN

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